Una rutina semanal de limpieza puede evitarles a los perros la dolorosa presencia de una otitis.
Quienes han sufrido de dolor de oídos saben lo insoportable que éste puede ser. Para los perros es lo mismo.
Un oído sano es característico: el conducto auditivo se ve de un rosado pálido (su color normal), no expele mal olor y el animal no sacude la cabeza ni se rasca la oreja con la pata de forma frecuente.
Porque éstas son las manifestaciones clínicas que denunciarían un posible problema en los oídos, explica el médico veterinario de la Clínica Veterinaria Alemana, de la Universidad Mayor, doctor Pablo Contreras.
Las patologías más frecuentes son las que afectan al conducto externo del oído, que pueden ser causadas por bacterias, ácaros y hongos (levadura). Esta última (Malaseezia pachydermatis) puede ser un habitante normal del conducto auditivo que por cambios de temperatura o de humedad, muchas veces originado en un baño sin protección en los oídos, se convierte en un agente patógeno.
Los ácaros (Otodectes cynotis), en tanto, viven en el conducto auditivo y normalmente la madre se los pega al cachorro durante la lactancia. Su presencia se caracteriza porque aparecen escamas de color café en el oído y el perro se rasca y sacude la cabeza con intensidad.
Otra causa frecuente de otitis es la presencia de cuerpos extraños en el conducto, como espigas, pastos, arena, etc. También predisponen a esta enfermedad las orejas pendulosas (como las de los cocker y basset hound), un conducto auditivo demasiado estrecho e irregular que no permite una buena ventilación, así como el crecimiento de pelo dentro del canal, pólipos y tumores.
Además, enfermedades endocrinas (hipotiroidismo), autoinmunes (pénfigo), seborrea, hipersensibilidad (alergia alimentaria) también influyen en la aparición de esta inflamación del conducto auditivo.
Evitar todo lo anterior es simple. Basta con mantener el aseo de esa zona, usando una gasa o algodón empapados en vaselina, con los que se retira el cerumen.
Además, cada vez que el perro es bañado se debe tomar la precaución de ponerle una mota de algodón en el oído que eviten que el conducto externo se humedezca. Esta rutina se puede hacer una o dos veces a la semana.
Si esto se olvida y aparecen signos de una otitis, entonces conviene llevarlo a un médico veterinario, que dispondrá de la terapia más indicada según el tipo de infección que la mascota tenga. Si no se hace un buen tratamiento, la otitis se vuelve recidivante, es decir, vuelve en forma permanente y finalmente se convierte en crónica.
Terapia quirúrgica
Esa inflamación constante genera una disminución del diámetro del conducto auditivo, lo que deriva en que las paredes aumenten su grosor y se endurezcan. Ahí el tratamiento necesario es una cirugía, que no asegurará el restablecimiento de la audición al animal.
Lo más grave es que esa infección en el conducto externo puede comprometer el oído medio de la mascota, afectando la audición y también el equilibrio. Entonces, tendrá un dolor crónico, problemas para pararse y va a tender a caminar con la cabeza inclinada hacia el lado que tiene la lesión, advierte el doctor Contreras.
Las infecciones que pueden causar todo este malestar son más frecuentes en primavera y verano, sobre todo cuando se secan los pastos y las espigas hacen su aparición. Por eso lo mejor es mantener aseados los oídos de la mascota y evitarle todas estas dolorosas molestias.
Fuente: http://www.mascotasfelices.com/articulo/341/el-cuidado-de-los-oidos-del-perro/